
Acuérdate... esta noche, acuérdate de los corazones solitarios
que no tienen a nadie a su lado...
Y recuérdame que me pusiste aquí... para acompañarles.
Acuérdate... procura acordarte de los corazones resentidos
que no tienen fuerzas para perdonar...
Y recuérdame que me pusiste aquí... para ser instrumento de paz.
Acuérdate también, acuérdate de los corazones heridos y rotos
que han perdido la confianza en sí mismos...
Y recuérdame que me pusiste aquí... para dar esperanza.
Acuérdate, por favor , acuérdate que somos hijos queridos tuyos...
Y recuérdame que tu Hijo Jesús de Nazaret nos enseñó a llamarte... ¡Padre!
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